Psicología y hábitos alimenticios, ¿cómo se relacionan?

Escrito por Gabineti

A día de hoy ya no existe ninguna duda sobre la relación tan estrecha que hay entre la psicología y los hábitos alimenticios. Nuestro estado de ánimo y salud emocional están muy ligados a nuestra interacción con los alimentos.

Así, nuestra conducta, nuestras emociones y nuestra motivación pueden llegar a alterar por completo nuestra nutrición haciéndonos caer en hábitos mal adquiridos que desembocan en consecuencias físicas y mentales graves.

Y, ¿qué es un hábito? Es una forma específica de proceder adquirida cuando repetimos actos iguales o parecidos, y que se originan por tendencias instintivas. Esa repetición constante y prolongada en el tiempo provoca que el hábito se arraigue hasta el punto de que cuesta deshacernos de él a pesar de lo perjudicial que puede ser.

¿Quieres conocer más sobre la relación entre la psicología y los hábitos alimenticios? Sigue leyendo, te damos todas las claves.

¿Cómo se conectan la psicología y los hábitos alimenticios?

La nutrición es una función fundamental en nuestra vida. Todos necesitamos alimentarnos aportando diferentes nutrientes a nuestro organismo para su correcto funcionamiento y desarrollo. El tipo de alimentación que llevamos impacta notablemente sobre nuestro bienestar físico, pero también sobre nuestras emociones.

De este modo, todos sabemos que aquello que comemos o bebemos nos produce momentos de satisfacción o malestar más allá de la composición y la preparación del propio elemento. Por ejemplo, es habitual que recurramos a algún plato concreto cuando queremos celebrar algo o que nos tomemos alguna bebida alcohólica en ese mismo ambiente.

Asimismo, podemos llegar a asociar algunas comidas a momentos en los que nos encontramos enfermos o padecemos alguna dolencia concreta.

Cualquiera de esas conexiones entre psicología y hábitos alimenticios es normal y no supone un mayor problema. Sin embargo, sí que existen factores de riesgo cuando descontrolamos nuestras ingestas y vienen motivadas con la sensación de tranquilizarnos.

La tristeza, el dolor, las preocupaciones o la ansiedad pueden conducirnos a comportamientos alimentarios impulsivos que, si se repiten y se extienden a lo largo del tiempo, pueden acabar desarrollándose como un mal hábito con consecuencias físicas nefastas como la obesidad, las enfermedades cardiovasculares o la diabetes.

Alimentación emocional y psicología de la nutrición

La relación entre psicología y hábitos alimenticios no solo es habitual en nuestro día a día, sino que además se promueve de forma constante a través de los medios de comunicación, las redes sociales y nuestro entorno social.

Todos somos capaces de recordar pasajes de alguna película en los que algún personaje recurre a una mala alimentación en momentos de depresión, y también nos pueden venir a la cabeza decenas y decenas de anuncios publicitarios en los que se vincula la felicidad con alguna bebida o con algún alimento.

Esta conexión entre las emociones y los alimentos que ingerimos se conoce como «alimentación emocional» y se define como las conductas alimentarias influenciadas por nuestro estado de ánimo, es decir, el momento en que se consumen determinados alimentos con la intención de apaciguar algún malestar psicológico.

Así, la «psicología de la nutrición» es la encargada de abordar el malestar emocional que acaba desembocando en la creación de malos hábitos alimenticios. Para ello trata de explicar y reconocer las diferentes variables que los ocasionan para tratar de reconducir la situación. 

¿Cómo podemos mejorar nuestros hábitos alimenticios?

Como con el desarrollo de cualquier otro tipo de hábito perjudicial para nuestra salud, el primer paso para cambiar un mal hábito alimenticio será el de darnos cuenta de que lo padecemos y tratar de comprender por qué lo hemos desarrollado.

Para ello puede ser altamente recomendable recurrir a la ayuda de un psicólogo especializado que nos acompañe durante todo el proceso y nos vaya ofreciendo las herramientas necesarias.

Por otro lado, existen una serie de consejos generales que nos pueden ayudar a mejorar la relación entre nuestra psicología y los hábitos alimenticios:

  • Piensa en la alimentación no solo como una forma de cuidar tu salud física, sino también como una pieza fundamental de tu salud mental.
  • Realiza ejercicio, aunque sea de forma moderada, de manera habitual hasta que forme parte de tu rutina.
  • Incrementa el consumo de fruta y verdura y, en general, trata de llevar siempre una dieta equilibrada que te proporcione un aporte básico de nutrientes fundamentales.
  • Analiza las diferentes emociones que sientes en el momento de alimentarte y trata de reconocer cómo afecta la ingesta a la intensidad de las mismas.
  • Dedica tiempo a actividades de ocio y que te resulten placenteras para mantener un estado de ánimo favorable.

Gabineti, ayuda psicológica para reconducir los malos hábitos alimenticios

Como hemos visto, la relación entre psicología y hábitos alimenticios es tan íntima que en ocasiones nos causa problemas difíciles de detectar y que pueden enquistarse hasta el punto de ser muy complicados de revertir.

En esos casos es fundamental la ayuda de un terapeuta especializado y, en Gabineti, tenemos un gran equipo de psicólogos a tu disposición que se pondrán a tu lado para que puedas recuperar el equilibrio y la estabilidad que necesitas. Nuestras sesiones son online, personalizadas y totalmente confidenciales para que tú solo te tengas que preocupar de recobrar tu felicidad.

Artículo por Gabineti

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