¿Cómo gestionar la agresividad y la ira?

Escrito por Gabineti

Hay determinadas épocas en las que nos vemos sobrepasados por los acontecimientos. El estrés laboral, los problemas del día a día o cualquier mala noticia podrían representar esa gota que colma el vaso de nuestra paciencia y hacer que todo salte por los aires. En esos momentos puede aparecer el enfado e incluso la ira, pero si no sabemos controlarnos podría agravarse aún más la situación. Si no sabes cómo gestionar la agresividad sigue leyendo, te damos algunas claves.

Enfado, ira y agresividad

Tanto el enfado como la ira son reacciones naturales y propias del ser humano que aparecen cuando experimentamos un episodio de frustración. En el momento en que algo no sale como nosotros queremos, cuando recibimos una mala noticia o nos transmiten una decisión que nos afecta negativamente, nos enfadamos y, en función de nuestro estado de ánimo, este enfado puede desembocar primero en ira y después en una explosión de agresividad. 

Enfadarse no es preocupante y, además, es necesario experimentar esa emoción ocasionalmente. El problema se produce cuando aparecen los denominados ataques de ira, es decir, cuando perdemos el control de tal forma que podemos afectar a nuestro entorno.

En esos casos es fundamental aprender a gestionar la agresividad con la ayuda de un especialista que nos brinde las herramientas necesarias antes de que el problema se extienda y termine destruyendo relaciones y vínculos.

¿Qué impide gestionar la agresividad?

Según algunos profesionales, detrás de los problemas para controlar la agresividad pueden esconderse causas de origen hereditario. Existen personas con una menor tolerancia a la frustración que se enfadan con mayor facilidad y que expresan su ira más a menudo.

Sin embargo, cualquiera puede verse expuesto a tener episodios esporádicos de ira y, entre las causas más comunes que podrían provocarlos y dificultar su gestión se encuentran:

  • Estrés. Atravesar períodos de demasiada presión laboral o momentos de estrés muy elevado pueden servir de caldo de cultivo para desarrollar ataques de ira agresivos.
  • Problemas personales. En ocasiones somos incapaces de dominar la agresividad cuando nos enfrentamos a emociones mal gestionadas que derivan de problemas personales como pueden ser rupturas, desengaños amorosos o pérdidas.
  • Frustraciones. Controlar la agresividad empieza por aprender a gestionar la frustración. Cuando no somos capaces de hacerlo tendemos a pagar nuestro fracaso a través de la rabia hacia los demás.
  • Traumas. En ocasiones el pasado juega un papel fundamental a la hora de gestionar la agresividad. Hemos de aprender a convivir con las malas experiencias vividas tiempo atrás.
  • Problemas psicológicos. A veces los ataques de ira podrían estar indicando un problema de salud mental más profundo como un trastorno de la personalidad. Por eso es tan importante acudir a un especialista cuando sentimos que no somos capaces de gestionar la agresividad.

Claves para controlar la agresividad

Si crees que estás metido en una espiral en la que todo te enfada y es fácil acabar pegando gritos y dejarte arrastrar por la ira, es momento de considerar ponerse en manos de un especialista en salud mental. Con la ayuda de un psicólogo podrás conseguir un equilibrio que te ayude a comprender mejor tus emociones.

Además de esto, existen una serie de consejos útiles que te ayudarán a llegar a ese punto:

  • Analiza tu ira. Cuando comprendes qué te hace enfadar resulta más sencillo hacer frente al problema. Si además consigues rebajar tus niveles generales de estrés, podrás mantener un temperamento más calmado.
  • Trabaja tu empatía. Una buena forma de darte cuenta de qué provocan tus ataques de agresividad cuando pierdes el control es tratar de comprender las emociones que provocan en los demás. Intenta hablar sobre ello en momentos de tranquilidad.
  • Comprende cuáles son tus desencadenantes. En la mayor parte de los casos la ira aparece a través de un desencadenante que genera una reacción. Si eres capaz de definir los momentos previos a sufrir un ataque te resultará más sencillo prevenirlo.
  • Desahógate. Ejercicios físicos llenos de adrenalina como los deportes de contacto o las artes marciales son muy eficaces a la hora de controlar la ira y generar una serie de hormonas que te ayudarán a mantener a raya el estrés. 
  • Meditación y relajación. Practicar la meditación o diferentes técnicas de respiración consciente pueden ayudarte a mantenerte calmado en tu día a día y a prevenir la agresividad. 

Controla la agresividad con un psicólogo experto en Gabineti

Si crees que no eres capaz de gestionar la agresividad quizás sea buen momento para buscar ayuda profesional. En Gabineti ponemos a tu disposición todo un equipo de psicólogos que te ayudarán y te proporcionarán las mejores herramientas para que puedas encontrar el equilibrio que necesitas. Las consultas son online, totalmente personalizadas y confidenciales para que tú solo tengas que preocuparte de recuperar tu felicidad.

Artículo por Gabineti

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